Los sentidos en la cata del vino: La vista (1/3)

Esta nueva entrada es la primera de una seria de tres breves entradas sobre los sentidos relacionados con la cata del vino. Se trata de la vista, el olfato y el gusto.

En cada entrada os contaremos muy brevemente cómo funciona cada uno de estos sentidos y alguna curiosidad. Y es que el primer paso para aprender a catar un vino es entender la fisiología de nuestro cuerpo, el cual es siempre el responsable de nuestra respuesta hacia un vino.

Como bien sabéis, una vez tenemos el vino en la copa el primer sentido que interviene es la vista, de la cual hablaremos hoy. Cómo funciona este sentido?

La luz atraviesa la córnea, entra por la pupila, atraviesa el cristalino (lente que enfoca la imagen) y se proyecta sobre la retina, una capa que posee células sensibles a la luz llamadas fotoreceptores (conos y bastones) que envían los estímulos recibidos al nervio óptico que va directamente al cerebro.

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Básicamente estas células sensibles a la luz o fotoreceptores son las responsables del sentido de la vista.

    • Por un lado de la balanza tenemos a los conos, en menor proporción, que nos permiten ver los colores. En el vino se diferencian generalmente tres colores:  amarillos/naranjasrojosazulados.
  •  Por otro lado, los bastones que son muy sensibles a la luz, son los que nos permiten diferenciar tonalidades y adaptar la vista a la oscuridad. 

¿No habéis escuchado nunca que los gatos ven en la oscuridad?

Pues se debe a que poseen mayor cantidad de bastones que los humanos.

 

Los vinos tienen diferentes colores y tonalidades en función de la proporción de sus pigmentos provenientes básicamente de la piel de la uva. Estos colores, por ejemplo, nos dan información sobre la edad del vino. Los vinos tintos más jóvenes tienen colores azulados/violetas y los más envejecidos tienden a colores anaranjados/teja.
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Los vinos blancos suelen tener tonos más pálidos, limón o pajizos en sus primeros años, con toques verdosos y bordes blanquecinos. Suelen evolucionar a tonalidades doradas, incluso ámbar. Un vino blanco elaborado con crianza oxidativa en barrica (como por ejemplo nuestros blancos de crianza: Chardonnay Roure, Chardonnay Roure Selecció Especial o Sa Vall Selecció Privada) tendrá un tono más amarillo que un vino blanco elaborado exclusivamente en depósito de acero inoxidable, debido a la microoxigenación y taninos provenientes de la barrica.

Por último, recordaros en los rosados también se pueden observar estas variaciones. Desde los rosados con color piel de cebolla (tan de moda últimamente), pasando por los de tonos rojizos más intensos (Son Caules Rosat) hasta tonalidades más anaranjadas debido a la crianza en barrica como nuestro Golós Rosat.

Así que cuando catéis un vino ya sabéis: primero observadlo y podréis empezar a descubrir un mundo lleno de sorpresas!!

En la próxima entrada os hablamos del siguiente sentido que interviene: el olfato!

- 01/14/2017 - curiosidades

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